Forma orgánica inspirada en la naturaleza, de apariencia sencilla y fluída.
La obra de Sergio Jara pulsa desde la madera como si aún respirara. Tallada con devoción casi litúrgica, cada forma suya parece surgir del interior del tronco, no impuesta, sino revelada. Su escultura no representa: late. Hay en sus piezas una memoria vegetal que se convierte en gesto humano, una vibración contenida entre lo orgánico y lo simbólico. Jara no busca la espectacularidad, sino la permanencia: sus obras se afirman en la materia con la fuerza tranquila de lo que ha estado allí desde siempre. Entre vetas y vacíos, su arte es un acto de escucha: la madera habla, y Jara simplemente la deja decir.