Representa el camino que recorre con esfuerzo y perseverancia cada persona.
La obra de Diego Céspedes vibra con una fuerza urbana que transforma el metal en historias colectivas. Autodidacta de Luque, talla y forja en hierro y acero inoxidable piezas públicas —desde el robot Wall‑E hasta figuras de El Principito— pensadas para generar conexión y curiosidad en niños y adultos . Su escultura no se exhibe: se dona, se integra al espacio público, resonando en plazas y barrios. Céspedes no busca monumentalidad vacía, sino cercanía simbólica: el abrazo a un árbol o un astronauta con tereré son actos poéticos en metal. Cada obra habla en silencio, convoca comunidad y transforma lo cotidiano en arte comprensible y vivido.