Evoca las aguas subterráneas que nutren en silencio. Su forma sugiere corrientes invisibles que sostienen la vida des de las profundidades.
La obra de Laura Giucich irradia una delicada pero poderosa energía que interpela desde lo material y lo simbólico. Su práctica escultórica se articula en torno a una sensibilidad por la forma orgánica, el vacío y la tensión entre lo frágil y lo persistente. Giucich no modela objetos: construye presencias. Sus piezas, muchas veces suspendidas o en equilibrio inestable, parecen respirar un tiempo propio, silencioso, donde lo femenino, lo telúrico y lo ancestral se entrelazan en una poética del cuerpo y del gesto. En los últimos años, el vidrio ha ocupado un lugar protagónico en su obra, aportando una dimensión de transparencia, luminiscencia y vulnerabilidad que amplifica su lenguaje escultórico. La elección de materiales no es neutra: son portadores de memoria, de tactilidad, de territorio. En su universo, la escultura no ocupa un espacio, lo transforma. Laura Giucich propone un arte que no grita, pero resuena: una forma de resistencia suave, de contemplación activa y de belleza no complaciente. Su obra nos recuerda que lo esencial puede ser leve, pero nunca menor.