Emergiendo desde lo profundo de la tierra, se alza como un tótem ancestral, modelado por siglos de viento, agua y fuego. Cada capa revela vestigios del tiempo, pigmentos terrosos, texturas agrietadas y brillos que sugieren minerales ocultos.
La obra de Ofelia Fisman se enraíza en en materiales con lenguaje ancestral y profundamente simbólico. Su práctica escultórica despliega cuerpos, rostros y formas que remiten a lo ritual, lo femenino y lo arquetípico, con una expresividad que conmueve desde la materia. La arcilla, cocida y modelada con gestualidad contenida, se convierte en vehículo de memoria y resistencia. Cada pieza parece cargada de silencio y de historia, como si guardara secretos transmitidos de generación en generación. Fisman no esculpe solo formas: encarna presencias. Su obra invita a un encuentro íntimo, casi devocional, donde la tierra y el mito dialogan, recordándonos que lo humano y lo sagrado pueden habitar el mismo gesto.